Analicemos la frase


La de analizar frases o discursos debiera ser una práctica habitual entre las personas, eso evitaria confusiones, perversiones del lenguaje, uso inadecuado del mismo, apropiaciones indebidas de términos y/o conceptos, fidelidades mal entendidas, afiliaciones involuntarias….. Así mismo, permitiría críticas de carácter constructivo, no de forma pedagógica para el colectivo, sino únicamente para el individuo pensante (huelga decir que el instrumento para pensar es el lenguaje y su conocimiento y dominio permiten una mejor práxis del análisis).

Veamos la frase: “sólo un 6% de los homosexuales se deben a cuestiones biológicas; no hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de una persona, con la que es practicada como vicio. La persona practica, como podría practicar el abuso de menores. Lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta”. El obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez dixit. La frase, aunque mutilada, es muy curiosa, tanto en fondo como en forma. A mi me interesa el fondo de los conceptos usados y lo que de ellos se desprende.

Lo primero que llama la atención de la afirmación es que se le pretende una veracidad aportando datos que pueden parecer perfectamente objetivos, quién duda de un  porcentaje. Lo curioso es la distinción entre homosexualidad biológica y homosexualidad por vicio. Ahí está el meollo del asunto. La primera, al biológica es algo inevitable, no por ser la biología un elemento Natural, cognoscible, teorizable, experimentable y por lo tanto, verdadero; no, la  inebitabilidad de la práctica de la homosexualidad es considerada como necesidad existencial. Es por ello que ese 6% de homosexuales existenciales, deduzco, son tolerables para la iglesia simplemente porque los asuntos del espíritu, trajines divinos, son cuestiones que el hombre apenas entiende y, menos, puede modificar ( a pesar de ser biológicos, comentario aparte merecería el análisis de ese término). Por tanto, lo único que cabe con esos homosexuales es tolerarlos, así lo quiere Dios.

El segundo concepto de homosexualidad (la viciosa) es más complejo ya que atañe a la misma naturaleza  del ser humano como criatura imperfecta, ya que si fuese perfecta sería equiparable a Dios. Es pues esa imperfección la que llleva a las almas más débiles a no poder controlar sus instintos, acercándose más al animal que no a la persona, y a practicar la hosexualidad no por necesidad existencial (o biológica), sino más bien por esa deleznable (diría un buen católico) inclinación del ser humano de satisfacer sus dudas a través de la experimentación. Estos homosexuales, entiendo, son “recuperables” para la iglesia. Siempre después de denunciar el relativismo moral de la ciencia y la razón (duda y experimentación), males del mundo contemporáneo según Ratzinger.

Concluimos pues que cualquier práctica por curiosidad no es más que vicio, y por ello la duda, la razón, la experimentación debieran guardarse en un cajón, olvidarse, y abrazar como verdad absoluta los dogmas de fe que proporcionarían los ministros de la iglesia, como éste señor. ¿Dónde queda pues la cienceia? Si entendemos la verdad como algo objetivo, por ello cognoscible y teorizable, vemos que este señor se miente a si mismo cuando realiza éste análisis y debiera, pues, revisar sus creencias, por bien del catolicismo como religión.

Lo más preocupante de esta conclusión es la aplicación a la vida pública de los principios dogmáticos. Estos crean siempre la contradicción bueno-malo, homosexual existencial-homosexual vicioso. Esa idea trasladada a la vida pública hace mucho daño a aquellas personas que no practiquen la crítica, como se afirma al principio del artículo, véase: todo lo que yo creo, bueno, lo que creen los otros, malo. Esta dicotomía positivo negativo se traduce en práxis política por aquel grupo que se alinea con las tesis más retrógradas de la iglesia y defiende sus principios (así como ésta valida sus argumentos políticos), el PP. Por ello sólo podemos afirmar que, mejor la crítica de la razón que no la fe, tanto en vida espiritual como en vida política, la virtud está ahí, no en el dogma, en la creencia ciega, en el seguimiento de líderes intangibles, de medias verdades, de parcialidades o de crispaciones como instrumentos para manipular la opinión. Ya lo decían J.S Mill y A. de Tocqueville, la masa es fácilmente manipulable por grupos poderosos que sean capaces de hacer creer su discurso como verdad por encima de la razón, afortunadamente es la educación de la masa la que permite evitar estos abusos y es por ello que la capacidad crítica debe, como afirmaba al pricipio, ser usada por los individuos en beneficio propio y de la vida pública.

VGA

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