400 euros…..¡Esclavos!


Francisco Frutos

Francisco FrutosEl Manifiesto del Partido Comunista empieza con “Un espectro recorre Europa: el espectro del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en Santa Alianza para abatirlo: del Papa al Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías alemanes”. Hoy, para no caer en triunfalismos estériles, debemos llegar a la conclusión de que, de momento, el verdugo, que no espectro, que recorre Europa, es el capital. Un capital que, pese a su aplastante hegemonía actual, no las tiene todas consigo. Por eso aceleran todo su programa neoliberal máximo.

Antes de llegar a Navidad, y para que quede constancia de quien continúa mandando, la Unión Europea aprueba un plan con una escalada progresivamente más antisocial aún que la realizada hasta ahora. Los padrinos económicos y políticos de la familia capitalista europea se aconsejan, se apoyan y deciden, aunque, como compiten entre sí por los intereses propios, sólo se entienden para recortes laborales y sociales y para la guerra. Frente a la prole son, como siempre, una bastarda aristocracia, como acaba de recordar en España el insigne representante de Alba. El comisario europeo de empleo, un húngaro, después de machacar a su pueblo, defiende los “mini empleos” con 400 euros de salario. Centrándonos aquí, Rosell, el jefe de la CEOE, reivindica “mini empleo” de 400 euros y afirma con toda la cara que han preguntado a los jóvenes y que éstos están de acuerdo en que se cree la figura del mini empleo porque así, por lo menos, podrían acceder a un empleo. Además ha afirmado que el sector público está muy sobredimensionado y que es preciso despedir a funcionarios y trabajadores del mismo. Botín ha pedido nueva reforma laboral ya, y de pasada ha dicho que Rajoy lo hará bien. A Zapatero puede darle un ataque de cuernos, después de haberle invitado a pastelillos en La Moncloa. Cuando esté en marcha el mini salario y más contrarreforma laboral, y continúen quedando jóvenes sin empleo a causa de la economía de acumulación capitalista de casino, Rosell, Botín y su gobierno podrán imponer el mini empleo de 200 euros. Y así sucesivamente hasta conseguir que los jóvenes trabajen gratis, en condiciones de esclavitud. Y, en la misma línea, congelación de salarios y pensiones, cierre de casas de acogida para las mujeres maltratadas, realizado bajo la responsabilidad de Cospedal, una mujer con un sueldo conocido de 240.000 E al año, antes de ser Presidenta de Castilla La Mancha, al mismo tiempo que se publica que una de cada diez mujeres ha sufrido violencia de género.

Mientras tanto sigue la acumulación capitalista, las plusvalías son convertidas automáticamente en ganancias y los poseedores de las principales riquezas continúan repartiéndose altísimos beneficios, sueldos y pensiones. Para ellos y ellas nunca hay crisis. Hay dos mundos que cada día se separan más. El de los mileuristas, cada vez más rebajado, el de los 400, que ya son reales desde hace mucho, y el de los que cobran altos salarios y rentas multimillonarias. En los últimos años no sólo no se han reducido las diferencias abismales entre los sueldos altos y los bajos, sino que han aumentado más, siendo España uno de los países más desiguales en renta. Es la división de clases acentuada por la versión más dura del capitalismo, que actúa sin ningún tipo de atadura política, jurídica, o moral.

Un capitalismo que tiene muchos recursos para narcotizar a la ciudadanía. Uno de ellos, en la línea de todo lo anterior, es el de la deuda. Aterrorizan con la amenaza de una bancarrota que acabará de liquidar empleo, ahorros, sanidad, educación. Y responsabilizan de la deuda al derroche que suponen los servicios sociales públicos universales para así, paso a paso pero sin pausa, irlos privatizando, para que paguemos, además de los impuestos regulares, los servicios elementales, algo que ya sucedía pero que se acentúa con ejemplos contundentes en pagos sanitarios, educativos, dependencia… Y, ¿qué es la deuda? La deuda pública no es algo abstracto, sino muy concreto. Y para conocerla y saber con exactitud de dónde procede, debe exigirse en el Parlamento, en todas las instituciones y en la calle, una auditoría para saber en qué se ha gastado y se gasta el dinero público en todas las administraciones: la general, la autonómica y municipal. Cómo se da el dinero y a quién se da, cuánto va al gasto social justificado y cuánto a las empresas privadas, bancos en primer lugar, a la corrupción y corruptelas diversas. Para poner unos pocos ejemplos: la Filesa de antaño, los ERES andaluces falsos, La Caja Castilla La Mancha, o la Pretoria catalana, del PSC-PSOE; los del Palau y Millet y Pretoria de CIU; o Gürtel, Jaume Matas y la CAM del PP. Todo lo que está saliendo de Urdangarín. Considero también que es corrupción lo que gana Cospedal, lo que mangonean Aznar y González en la empresa privada por haber sido presidentes de gobierno y utilizar sus amistades para el negocio. Cito sólo una resumida muestra de lo más conocido y espectacular pero no lo más voluminoso, que continúa estando en la economía especulativa de mercado de un sistema inepto para dar soluciones socialmente justas, económicamente y ecológicamente inteligentes y capaz de crear una nueva realidad. Pero claro, si fuera capaz de ello no estaríamos hablando de capitalismo. Estaríamos hablando de una democracia económica y política, orientada a una ineludible construcción socialista.

Ya sé que el PP ha ganado las elecciones por mayoría absoluta y aplica y aplicará las políticas más antisociales creyendo que tiene patente de corso para hacerlo. Sé también que si el movimiento sindical no las contesta con rotundidad, esperando que de las mesas de negociación con la patronal y el gobierno, salgan, sin revuelta social de apoyo, alternativas aceptables, será mucho más difícil el trabajo de organizar la movilización. No hay ningún margen para pactos sociales que no sean la claudicación total. Sin conciencia del momento y sin coraje para enfrentarlo con una verdadera política de cambio, el estancamiento corroerá todas las energías y esfuerzos de la clase trabajadora, poniéndola por mucho tiempo a los pies de los caballos del neoliberalismo. El PCE tiene mucho que decir y hacer. Algo que sólo puede hacerse creyendo firmemente que es la hora de la calle, de la arenga. O citando al rey Claudio en Hamlet: “Hay que ponerle cadenas al miedo que anda muy suelto por este reino”.
http://franciscofrutos.blogspot.com

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