EUPV-Els Verds es compromet amb la Unió “a lluitar per recuperar la dignitat del llaurador”

El candidat d’Esquerra Unida-Els Verds al Congrés per València, Ricardo Sixto, ha intercanviat impressions aquest matí en una reunió amb la Unió de Llauradors i Ramaders, als quals ha traslladat la paraula ferma de la coalició d’esquerres de treballar “de valent per tornar la dignitat que es mereix el llaurador, el qual està patint unes diferències de preus desorbitades, a més del tràgic abandonament del camp, conseqüència d’unes polítiques neoliberals gens preocupades pel sector, de la competència en els mercats internacionals i del difícil relleu generacional”.

Sixto ha assegurat que EUPV-Els Verds “té la voluntat de col·locar entre les nostres primeres prioritats la defensa de l’agricultura i del llaurador, qui ha estat en els últims anys absolutament desprotegit i pateix nombroses injustícies, les quals es veuen a la perfecció al camp valencià”.

El candidat d’esquerres ha assenyalat que la representativitat del llaurador “és deficitària en aquestos moments. Cal mesures democratitzadores, perquè no es pot atorgar representativitat des de l’administració, sinó que aquesta ha d’eixir de la voluntat dels llauradors i dels ramaders, expressada en votacions lliures”.

EUPV-Els Verds ha expressat també la seua aposta per la sobirania alimentària “front les propostes deslocalitzadores i alienants del neoliberalisme internacional”, ha apuntat.

Anuncis

UNA PROPUESTA ANTICAPITALISTA PARA HECER FRENTE A LA CRISIS ECOLÓGICA Y ECONÓMICA, QUE VIVIMOS.

La globalización neoliberal, en su afán por privatizar todos los ámbitos de la vida, ha hecho lo mismo con la agricultura y los bienes naturales, sometiendo al hambre y a la pobreza a una inmensa parte de la población mundial.

No se trata de una cuestión de producción insuficiente ya que como indica la organización internacional GRAIN (2008), la producción de comida se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial tan sólo se ha duplicado desde entonces, pero los mecanismos de producción, distribución y consumo, al servicio de los intereses privados, impiden a los más pobres la obtención necesaria de alimentos.

El acceso, por parte del pequeño campesinado, a la tierra, al agua, a las semillas… no es un derecho garantizado.

Los consumidores no sabemos de dónde viene aquello que comemos, no podemos escoger consumir productos libres de transgénicos.

La cadena agroalimentaria se ha ido alargando progresivamente alejando, cada vez más, producción y consumo, favoreciendo la apropiación de las distintas etapas de la cadena por empresas agroindustriales, con la consiguiente pérdida de autonomía de campesinos y consumidores.

Frente a este modelo dominante del agrobusiness, donde la búsqueda del beneficio económico se antepone a las necesidades alimentarias de las personas y al respeto al medio ambiente, surge la propuesta alternativa de la soberanía alimentaria.

HISTORIA DEL CONCEPTO SOBERANIA ALIMENTARIA.

En los años 70, la FAO acuñó el término de seguridad alimentaria con el objetivo de defender el derecho y el acceso a la alimentación por parte de toda la población del planeta.

Su origen se remonta a la crisis alimentaria de 1974, cuando el precio del grano y de las semillas se triplicó después que los Estados Unidos vaciaran sus stocks de excedente de grano que habían sido la base de los programas de ayuda alimentaria.

La industria agroalimentaria así como las instituciones internacionales han utilizado el término seguridad alimentaria para justificar la exportación de alimentos, altamente subvencionados, de Estados Unidos o de la Unión Europea a países del Sur, con el objetivo “teórico” de acabar con el hambre en estos últimos. Estas prácticas, lejos de solucionar los problemas agrícolas y alimentarios en el Sur, los agudizan.

Ante esta situación emergió a mediados de los años 90 el concepto de la soberanía alimentaria que tiene por objetivo satisfacer la seguridad alimentaria de las personas, a la vez que pone en cuestión el actual modelo de producción agroalimentaria (intensivo, industrial, deslocalizado, “petrodependiente”, insostenible), así como las políticas de las instituciones internacionales que lo promueven.

La Soberanía Alimentaria fue definida en sus orígenes por el Movimiento internacional de Via Campesina en el año 1996 coincidiendo con la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de la FAO en Roma. Pretende:

– Apoyar a los campesinos en su lucha por producir alimentos al margen de las condiciones impuestas por el mercado.
– Priorizar los circuitos locales y nacionales, rompiendo con el mito de que sólo los mercados y el comercio internacional podrán acabar con el hambre en el mundo.
– Regular la producción en los mercados internos para poner fin a los excedentes agrícolas.
– Desarrollar una producción sostenible basada en la familia agraria.
– Abolir cualquier ayuda directa o indirecta a la exportación.

La Vía Campesina nació en 1993, como un movimiento altermundialista, y se convertiría en una de las organizaciones de referencia en la crítica a la globalización neoliberal. En la actualidad, La Vía agrupa a unas 150 organizaciones de 56 países. Vía Campesina es la expresión de la resistencia campesina al hundimiento del mundo rural, provocado por las políticas neoliberales y la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

CRISIS ALIMENTARIA GLOBAL.

En el año 2007 y 2008 la situación de hambruna en el mundo se agudizó a raíz del aumento del precio de los cereales como el maíz, el arroz, el trigo, etc. Como consecuencia de ello, en los países más pobres el acceso a la comida se convirtió en imposible.

Las razones coyunturales que explican este aumento espectacular de los precios, en 2007 y 2008, son dos:

– la creciente inversión en la producción de agrocombustibles por el aumento espectacular en el precio del petróleo.
– la especulación financiera en materias primas, después del crack de los mercados punto.com e inmobiliario.

En la medida en que el precio de los alimentos subió, los especuladores dirigieron su capital al mercado de futuros alimentario empujando el precio de los granos al alza y empeorando aún más la inflación en el precio de la comida.

Los mercados de futuros son acuerdos legales de transacciones de mercancías físicas durante un periodo de tiempo establecido previamente. Inicialmente estos acuerdos se hacían para garantizar un precio mínimo a los productores, pero en la actualidad los especuladores son los que tienen más peso en los mercados de futuros, cuyas transacciones de compra y venta no tienen que ver nada con la oferta y demanda real sino más bien con sus intereses económicos.

Las soluciones propuestas por instituciones internacionales, como el Banco Mundial, la OMC, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la FAO, así como Estados Unidos, la Unión Europea y las grandes multinacionales del sector, son las causas de la crisis alimentaria actual, y estas son:

– mayor liberalización del comercio internacional agrícola,
– introducción de más paquetes tecnológicos y transgénicos, etc.

Pero más allá de las razones coyunturales, se encuentran las razones de fondo que explican la profundidad de la crisis alimentaria actual:

– Fomento del libre mercado a nivel global.
– Pago de la deuda externa en los paises del Sur, para su pago se les obliga a implantar Programas de Ajuste Estructural que liberaliza el mercado con la eliminación de aranceles, destrucción de la producción local al desaparecer las ayudas al pequeño productor (acceso a créditos estatales, desaparición del precio de garantia y desaparición de los servicios estatales de acopio, comercialización y almacenaje de cosechas).
– Privatización de los servicios y bienes públicos.
– Modelo de agricultura y alimentación al servicio del capitalismo

Como consecuencia de todo esto, el panorama es el siguiente:

1- Con los fondos prestados por el FMI y el Banco Mundial para pagar la deuda externa a países como México, África, Sri Lanka y Filipinas, entre otros, impusieron una serie de condiciones a través de lo Programas de Ajuste Estructural, que han hecho que estos países pasen de ser exportadores a importadores de alimentos.

2- El monopolio que ejercen unas pocas empresas multinacionales a lo largo de la cadena, desde la producción hasta el consumo:

–  10 compañias mundiales, entre ellas Monsanto, Bayer, Syngenta…) controlan la mitad de la producción de semillas.
–  10 compañias mundiales controlan el 85% del mercado de los plaguicidas.
–  En España, 10 multinacionales controlan el 45% de la distribución de alimentos.

3- La agroindustria es una de las principales fuentes de generación de gases de efecto invernadero, incluso por delante del sector energético y del transporte. La agricultura industrial es la responsable del 32% de los gases de efecto invernadero, frente al 24% del sector energético y el 14% del transporte.

VISIÓN HACIA EL FUTURO: LA SOBERANÍA ALIMENTARIA.

Frente a este modelo, la propuesta alternativa de la soberanía alimentaria.

Varios estudios demuestran cómo la producción campesina a pequeña escala puede tener un alto rendimiento, a la vez que usa menos combustibles fósiles, especialmente si los alimentos son comercializados local o regionalmente. En consecuencia, invertir en la producción campesina familiar es la mejor opción para luchar contra el cambio climático, y acabar con el monopolio de las empresas multinacionales, la pobreza y el hambre.

En el ámbito de la comercialización se ha demostrado fundamental, para romper con el monopolio de las grandes  distribuidoras, el apostar por circuitos cortos de comercialización (mercados locales, venta directa, grupos y cooperativas de consumo agroecológico…), evitando intermediarios y estableciendo unas relaciones cercanas entre productor y consumidor, basadas en la confianza y el conocimiento mutuo, que nos conduzcan a una creciente solidaridad entre el campo y la ciudad.

En este sentido es necesario que las políticas públicas se hagan eco de las demandas de estos movimientos sociales y apoyen un modelo agrícola local, campesino, diversificado, orgánico y que se prohíban los transgénicos, se promuevan bancos públicos de tierras, una ley de producción artesana, un mundo rural vivo… En definitiva, una práctica política al servicio de los pueblos y del ecosistema.